El Madrid de las putas

Así rezaban antiguamente los libros de historia: «España limita al Norte con el mar Cantábrico
y los montes Pirineos que la separan de Francia; al Este con el mar Mediterráneo, al Sur con este mismo mar; y al Oeste con Portugal y el Océano Atlántico». Bueno, al menos eso es lo que decía el España es así con el que estudiaron la mayoría de nuestros políticos. ¿Cuántos de nuestros amigos del Circo lo recuerdan?

Pero la historia cambia y se revira y se retuerce hasta cambiarnos a los unos por los otros y los otros por los unos. ¿No se lo creen? Ni España ni Madrid son lo que eran y menos después del paso del esbirro de Satanás por Cibeles -la plaza, no la pasarela, aunque con sus modelitos y solideítos bien podría haber ido si hubiera querido.

Fíjense que tanto ha cambiado el cuento que así pasará a los libros de historia: «Madrid se divide en tres: el de los Austrias, el de los Borbones y el de las putas». ¿No lo sabían? No solo están en la calle Montera, a plena luz del día y de la noche, también en la Casa de Campo, el Salto del Ángel, la calle Ferraz y la calle Génova, entre otros muchos sitios. Madrid es una ciudad tomada por las prostitutas callejeras a falta de “casas de tolerancia”, “de alterne” o “de putas”.

Y digo bien: en Ferraz y Génova hay muchas. Deben de ser las únicas decentes que hay por esos lares porque ¿cómo calificar a los que con sus contubernios reformaron la Constitución a espaldas del resto de grupos parlamentarios y a espaldas de una ciudadanía que no representan? Si consiguen ponerse de acuerdo en menos de una semana en una cuestión tan sensible ¿qué estarán ocultando realmente? Y digo de las putas que “deben de ser las únicas” decentes porque indica probabilidad y no “deben ser las únicas” porque indica obligación y me cierran el chiringuito. No lo olviden: en España hay libertad de expresión.

Para hacerles el cuento breve: Ya que sus hijos no saben gobernar, por favor, ¡que nos gobiernen las putas!